Bitcoin y las criptomonedas, ¿liberando o privatizando el dinero?

Según señala Juan Francisco Martín Seco -economista español, profesor universitario y exautoridad- “las fuerzas conservadoras y el neoliberalismo económico” se han “inclinado abiertamente por la intervención, pero no por la del poder político democrático, sino por la de una institución que revisten de tecnicismo y profesionalidad, autonomía e independencia, para hacerla en realidad dependiente de los poderes económicos”.
La institución señalada son los bancos centrales. “Aunque en esta materia (monetaria) desconfían del mercado, tampoco están determinados a abandonarla en manos del Estado”, porque “la influencia que las clases populares tienen sobre los gobernantes a través de las consultas electorales hacía arriesgada tal cesión, y por eso pretenden que las decisiones monetarias sean tomadas por una entidad independiente y neutral”, explica el académico.

Esa es una contradicción fundamental que un “neoliberalismo económico consecuente” debería criticar, y más bien buscar la abolición del monopolio de emisión de dinero que hoy tienen los Estados y que han cedido a los bancos centrales.
En palabras de Martín Seco, “tendrían que defender la libre creación de moneda por todo aquel que quiera realizarla y que disponga de suficiente credibilidad en el mercado para que el público acepte sus pasivos como medio general de pago”.

Sin embargo, muy pocos defensores del libre mercado han avanzado en esa ruta. Posiblemente el más famoso de ellos fue el economista y filósofo austro-británico, Friedrich Hayek.

Privatización del dinero
En su obra “La desnacionalización del dinero” (1976), Hayek defendía la liberalización del mercado del dinero, la libre competencia en la emisión y circulación de los medios de pago. Consideraba el dinero como una mercancía más que debía ser suministrada por el sector privado con mayor eficiencia que por un monopolio estatal.

En este sentido, planteó que la creación de dinero debía ser libre: toda entidad financiera que lo desease podría crear su propio medio de pago, pero debería cuidar de la estabilidad de su valor, emitiendo tan solo aquella cantidad que fuese demandada por el público.
Por tanto, existirían diferentes monedas, con denominaciones distintas, una por cada uno de los bancos privados que quisieran emitir dinero.

La lógica de su sistema es la misma que la del mercado: toda entidad que en un exceso de avaricia pusiese en circulación más medios de pago que aquellos que el público deseara tener vería devaluarse su dinero con respecto a otras monedas y perder capacidad adquisitiva, con lo que el público huiría de esa moneda para refugiarse en otras más seguras.

La regulación
surge por necesidad
Para Martín Seco, el modelo de Hayek “solo puede funcionar sobre el papel”, y por eso “apenas ha encontrado eco entre sus correligionarios”.
Desde una mirara histórica, el economista español observa que “en el origen del dinero hay situaciones que guardan una gran similitud” con el sistema propuesto por Hayek, y que la intervención pública -en esto como en otras muchas situaciones económicas- surge de una necesidad del mundo real.

“De hecho, desde los primeros momentos de la actividad bancaria, las quiebras y las insolvencias acompañaron la vida de las instituciones financieras. En la época actual, a pesar de la especial vigilancia de los poderes públicos y de que los bancos no gozan de la facultad de emitir dinero primario, las crisis bancarias acaecen con mayor frecuencia de lo que sería deseable, y su coste lo asume el erario público”, agrega.
En este sentido, advierte que los fraudes y timos bancarios serían incontables, la complejidad sería altísima, la especulación incontrolable.
Bitcoin, ¿dinero o aire?
Para que el dinero sea dinero, debe cumplir tres funciones básicas: unidad de cuenta, medio de pago y depósito de valor.
El bitcoin no cumple la primera función, ya que no constituye una unidad de cuenta propia, sino que se expresa con respecto a las otras divisas. En todo caso se llega a parecer más al “dinero secundario”, como los depósitos bancarios u otros activos financieros.
Tampoco cumple adecuadamente la función de medio de pago –pese a que fue originalmente creado con el fin de facilitar las transacciones y reducir su costo eliminando intermediarios-, debido a su alta volatilidad, la falta de concreción y la dificultad en la instrumentación.

Sí ha desarrollado la tercera función, la de depósito de valor, pero de tal forma que ha creado una ola especulativa tan grande que hace casi imposibles las otras dos funciones.
Para Martín Seco, “más que de dinero tendríamos que hablar de activo financiero, pero con el agravante de que no se corresponde con ningún pasivo, no hay deudor al que reclamar nuestro derecho. Tampoco constituye una cosa (oro, obra de arte, etc.) con un valor intrínseco independientemente del precio del mercado. No es nada. Pura especulación. Mera expectativa de que un segundo inversor pague más dinero que el primero por la expectativa a su vez de que un tercero pague más que el segundo”.
Y los problemas ocurren cuando la tendencia se invierte y la fiebre de vender se apodera del mercado.
Aunque critica al bitcoin, reconoce que la tecnología en que se basa, la llamada Blockchain, “ofrece muchas posibilidades y que “en el futuro puede tener múltiples utilidades diferentes a la de soportar las operaciones de una criptomoneda”, ya que constituye una nueva forma de registrar tanto transacciones como otras interacciones digitales de manera segura y transparente.