Asamblea, el momento de la verdad

Después de mucho discutir, parece que el Movimiento Al Socialismo tiene un principio de acuerdo entre sus filas para conformas una Directiva que, presumiblemente, culminará la gestión. El acuerdo no es ni fácil ni cómodo, pero todo apunta a que se mantendrá la paz en el asunto del 45 por ciento y será la entente valle – zona alta los encargados de lidiar con el entuerto.

Hasta que no se consolide no es bueno hacer conjeturas, pues el acuerdo habla de una alianza en el que el vocero de Álvaro Ruíz en la Asamblea, Guillermo Vega, pasaría a ocupar ni más ni menos que la Presidencia mientras que Sara Armella, relegada de la Presidencia, quedaría en la Directiva de comparsa. Es cierto que Armella es disciplinada política y sindicalmente, pero precisamente por ello no tendría que mantenerse en la Directiva en un cargo inferior al que ocupaba.

Más allá de lo que suceda en el momento de la elección, donde ya han corrido los nervios y algunos asambleístas se han tenido que desmarcar de la sombra del MAS, que últimamente todo lo cubre, es importante que los asambleístas sean conscientes de lo que se viene.
La salida de la crisis, luego del endeudamiento aprobado en la cámara y el repunte de los precios de los hidrocarburos, está al alcance de la mano. Ese contexto cambiará radicalmente las posiciones políticas y el escenario de pre campaña. El dilema para los estrategas del MAS es si conceder la victoria a Oliva o enredar desde el escenario legislativo para empañar el éxito, una situación en exceso peligrosa para la recuperación, pero también para el perfil que el MAS quiere alcanzar en esta recta final de la legislatura.

El MAS debe convencer que puede gobernar, y para ello sería mejor que tratara de adjudicarse el éxito del fin de la crisis, exhibiendo alguno de los logros de Armella y el propio Ruíz, como el acuerdo con los alcaldes por la Ley del ocho por ciento, que buscar un perfil combativo.

En cualquier caso, quien vaya a manejar la Asamblea en el próximo periodo tiene por delante desafíos de primer orden, no solo por la Ley del 45 por ciento que ya parece haber llegado al consenso en el partido azul para colocar su resolución entre la elección nacional y la subnacional. Mientras las bancadas se entretengan en dar vueltas al asunto y cubrir de burocracia el tratamiento, sí o sí se deberán buscar resoluciones en la Ley Electoral, en el Prosol, en la Ley de desarrollo productivo y en algunos otros ejes vertebradores del departamento.

El MAS, que ya ha forzado la división de las fuerzas políticas alternativas a su propio Gobierno y se encuentra muy cerca de alcanzar un logro histórico, deberá esta vez esconder al presidente Evo Morales y tomar sus propias decisiones para convencer de que sí pueden gobernar y que lo harían mejor de lograr el triunfo a través de las ánforas y no a través del golpe parlamentario. Ese escenario es totalmente novedoso para el Movimiento Al Socialismo y es el que pondrá a prueba su madurez política.