Apuesta por el etanol no es verde, sostenible ni económica

Un reciente acuerdo entre el gobierno de Evo Morales y el sector agroindustrial (empresarios privados y Cainco) se refiere a la incursión en lo que llamaron “la era de los biocombustibles”. Sin embargo, expertos en el tema observan que, convenientemente, se está confundiendo ese concepto con el de agrocombustibles.
La Coordinadora por el Medio Ambiente (Codapma), junto con otros centros de investigación como Probioma y Cedib, explican que los biocombustibles no son lo mismo que los agrocombustibles.

Por un lado, los biocombustibles se producen en base a rastrojos, aserrín, bagazo de la caña, reutilizando así desechos orgánicos para producir energía.
En cambio, los agrocombustibles son productos de un proceso agrícola e industrial, que incluye el uso de combustibles fósiles, cultivos transgénicos y agrotóxicos para su producción.
Por tanto, la apuesta del gobierno y los agroindustriales se centra en realidad en los agrocombustibles y no así en los biocombustibles.
En este sentido, para Codapma los agrocombustibles no son una alternativa ecológica, y no implica una verdadera transición energética sino un retroceso.

Además, el acuerdo con los agroindustriales viola nuevamente el marco legal boliviano, que prohíbe los agrocombustibles. La Ley 300 de Madre Tierra, en su artículo 24, numeral 11, dice: “La producción de agrocombustibles y la comercialización de productos agrícolas para la producción de los mismos está prohibida en tanto que es prioridad del Estado Plurinacional de Bolivia precautelar la soberanía con seguridad alimentaria”.

Etanol no es
energía verde
El gobierno ha intentado presentar la incursión en agrocombustibles con un envoltorio verde-ecológico. “Comprar lo verde y dejar de importar lo negro” fue la frase del ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, cuando celebró en marzo el acuerdo con los agroindustriales.
Sin embargo, ya el año 2006, los académicos Christian Azar y Kristian Lindgren, del Departamento de Teoría del Recurso Físico, de la Universidad de Gotemgurgo (Suecia), junto con Eric Larson (de la Universidad de Princeton) y Kenneth Mollersten (del Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados, de Austria), demostraron todo lo contrario.

Según estos investigadores, la producción de agrocombustibles está ligada a daños medioambientales como la deforestación y ampliación de cañaverales lo cual amplia la erosión de los suelos y otros problemas causados por la diseminación de herbicidas, insecticidas, contaminado el agua subterránea y superficial. Las plantaciones de maíz en EEUU y la caña de azúcar en Brasil causan mayor degradación que cualquier otro tipo de plantaciones en el mundo.

Asimismo, según la Fundación Amigos de la Naturaleza, actualmente los bosques en Bolivia cuentan con más de 52 millones de hectáreas y estos pueden llegar a contener hasta 203 toneladas de carbono por hectárea como máximo. El riesgo es que la deforestación para destinar mayores áreas para el monocultivo de caña, podría generar un aumento importante de emisiones de Bolivia.

Balance energético del etanol es negativo
El investigador del Departamento de Entomología, Sistemáticas y Ecología, de la Universidad de Cornell, David Pimentel, demostró que para obtener 1 litro de etanol se requiere 2,69 kg de maíz en grano y adicionalmente más de 14 insumos como maquinaria, electricidad, herbicidas, pesticidas, fertilizantes, energía fósil, además de 1.700 litros de agua.

Por su parte, el investigador del Centro de Estudios y Promoción del Campesinado (CIPCA), Carmelo Peralta, explica que en EEUU son producidos al menos 17 billones de litros de etanol por año, lo cual solo representa el 1% del combustible consumido, ocupando así 51 millones de hectáreas de tierra para la producción de maíz.

“Aunque se produjera en el 100% de las tierras de EEUU para obtener etanol, solo podría satisfacer el 6% de su consumo. Imagínense ese escenario para el caso de Bolivia, cuantas hectáreas sufrirían cambios de uso de suelo y procesos de deforestación para poder tener una cantidad baja de etanol que sería utilizada para proveer al mercado interno”, advierte.
Por otro lado, para producir un litro de etanol son necesarias 7.333 kcal de energía fósil y un litro de etanol tiene un valor de 5.130 kcal, es decir, se gasta 43% más de energía fósil para obtener menos energía (2.203 kcal). Adicionalmente, 1,6 litros de etanol tienen tan solo el valor energético de un litro de gasolina.

Así, se gasta más insumos para su producción, entre ellos la misma gasolina, para obtener menos energía como producto el etanol, existiendo así un balance negativo en el proceso de producción.

No aportará
a la economía
Peralta señala que la generación de millones de ganancias por la producción de etanol “es dudosa”, y aunque “no se descarta que el costo de energía por la producción de etanol puede disminuir por los sub productos que se pueden obtener, su producción seguirá siendo negativa por los altos costos de insumos utilizados”.

Un ejemplo del uso de caña para producir etanol con mejores rendimientos es Brasil, pero aun así durante 2016 y 2017, ese país ha incrementado su importación del etanol desde EEUU dado los costos de producción, lo que indica que su producción no es sostenible.
En caso de consolidarse el etanol en Bolivia, “¿habrá capacidad de abastecer el mercado interno del país, o nos volveremos dependiente del etanol de EEUU como sucede en Brasil?”, pregunta Peralta.